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Neumonía, afección grave de los pulmones

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La neumonía es una infección del pulmón caracterizada por la multiplicación de microorganismos en el interior de los alvéolos, lo que produce una inflamación y daño en los pulmones.

 La neumonía hace que el tejido que forma los pulmones se vea enrojecido, hinchado y se vuelva doloroso. Muchos pacientes con neumonía son tratados por médicos de cabecera y no ingresan en los hospitales.

Esta enfermedad puede ser altamente contagiosa, ya que los microorganismos que causan está enfermedad se diseminan rápidamente en el aire por medio de estornudos, tos y mucosidad; una persona que ha padecido neumonía puede quedar con estos microorganismos por mucho tiempo en su organismo y ser potencialmente contagioso.

Se refieren dos tipos de neumonía:

Neumonía extra hospitalaria: Como su nombre lo indica es la que se adquiere fuera de los hospitales.

Neumonía nosocomial: Es la que se adquiere durante una estancia en el hospital, transcurridas 48 horas y hasta dos semanas después de recibir el alta.

Causas de neumonía

La neumonía se desarrolla cuando un microorganismo infeccioso viaja por aspiración desde la nariz o la boca, por inhalación o por vía sanguínea; estos microorganismos son virus, hongos, bacterias o parásitos.

Neumonía causada por bacterias: La más frecuente es Streptococcus pneumoniae y Mycloplasma pneumoniae. Es las más frecuentes de las causas de las neumonías.

Neumonía causada por hongos: el más común es el denominado Pneumocystis jiroveci, causando neumonía en personas cuyos sistemas inmunitarios no funcionan correctamente, especialmente personas con VIH y con cáncer.

Neumonía causada por virus: los más frecuentes son los virus que causan gripe como el adenovirus, influenza y virus sincicial respiratorio.

Existen algunos factores de riesgo que aumentan la incidencia de contraer la enfermedad

  • Padecer de enfermedades pulmonares como EPOC (Enfermedad crónica pulmonar), fibrosis quística y bronquiectasia.
  • Tabaquismo
  • Parálisis cerebral u otros trastornos cerebrales
  • Problemas del sistema inmunitario debido a las quimioterapias  (tratamiento para el cáncer) ya que puede bajar las defensas significativamente y personas que padezcan de VIH/SIDA o se haya sometido a algún trasplante de órganos.
  • Padecer de cirrosis hepática, diabetes mellitus o cardiopatía.

Las vías respiratorias tienen mecanismos de defensa que evitan que lleguen bacterias al pulmón, como son la tos, la presencia de células con cilios y células y sustancias especialmente diseñadas para la inmunidad: los linfocitos, neutrófilos, macrófagos y anticuerpos. Estas defensas pueden debilitarse por determinadas circunstancias y facilitar así que los gérmenes alcancen el pulmón y produzcan infecciones.

 Síntomas

  • Inicialmente la enfermedad es precedida de una gripe común.
  • Fiebre por más de tres días.
  • Expectoración purulenta
  • Dolor torácico
  • Hundimiento o retracción de las costillas con la respiración, que se puede observar fácilmente con el pecho descubierto.
  • Hemoptisis (expectoración con sangre fresca proveniente de las vías respiratorias que son expulsados por la boca durante episodios de tos).
  • Disnea o falta de aire

Diagnóstico

El médico mediante auscultación identificara ruidos respiratorios anormales, para la confirmación del diagnóstico se podrá realizar una radiografía de tórax con el fin de diferenciar la neumonía de una bronquitis u otras infecciones respiratorias.

Otros exámenes pueden realizarse para diferenciar el tipo de neumonía de la cual se padece tales como:

Gasometría arterial: Con el fin de ver si está llegando suficiente oxígeno a la sangre.

Hemocultivo y cultivo de esputo: para determinar cuáles son los microorganismos que están causando la neumonía y saber cuál es el medicamento a suministrar.

esputo por neumonía

Hemograma: para hacer conteo de glóbulos blancos.

Broncoscopia: Es un examen para visualizar las vías aéreas y diagnosticar enfermedad pulmonar.

Toracocentesis: es la punción quirúrgica de la pared torácica para extraer por aspiración el líquido de  la cavidad pleural.

Tratamiento

Si se trata de neumonía bacteriana el tratamiento farmacológico es con antibióticos, y el antibiótico a tomar lo determina la bacteria que este causando la enfermedad; si se trata de neumonía viral solo se suministraran antivirales ya que los antibiótico no son efectivos en estos casos, de ahí la importancia de hacer un diagnóstico diferencial.

La hospitalización se ve necesaria  para prevenir la deshidratación y ayudar con la respiración si la disnea es severa, el tratamiento también puede implicar medicamentos corticoesteroides, oxigenoterapia o el uso de humificadores.

como curar la neumonía

Algunos consejos para el cuidado en casa

  • No pasar por alto ninguna toma de los antibióticos recetados así se sienta mejoría
  • No tomar medicamentos para el resfriado a menos que el médico lo autorice.
  • Respirar aire caliente y húmedo ayuda a aflojar el moco pegajoso causante de la sensación de ahogo
  • Hacer respiraciones profundas, ayudara a abrir los pulmones
  • Ingerir bastantes líquidos
  • No consumir alcohol

Como prevenir la neumonía

Existe pocas medida para prevenir la neumonía, ya que muchas de ellas surgen a partir de un proceso viral o gripal, por eso se recomienda la vacunación de la influenza anual en personas mayores de 65 años, pacientes con enfermedades bronquiales, renales, cardíacas o hepáticas.

La vacunación antineumocócica evita la aparición de neumonías con bacteriemia causadas por neumococo. Su uso es recomendable en personas mayores de 65 años o mayores de 2 años con enfermedad cardiovascular o pulmonar crónica, alcoholismo, enfermedad hepática crónica, ausencia de bazo por cirugía o traumatismo, o pérdidas de líquido cefalorraquideo, así como personas con inmunodeficiencias, cáncer generalizado, insuficiencia renal crónica o quienes han recibido un trasplante.

influenza

La mortalidad de la neumonía en la actualidad en el ámbito extrahospitalario es del 1 por ciento y en el hospital la cifra oscila entre el 5% y el 7%. Únicamente en los casos graves cuando se requiere un ingreso en cuidados intensivos, lo que ocurre en un 5% de todas las hospitalizaciones.

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